Soldados de la dispersión

Recuerdo amigos de guerras que todos olvidaron, menos nosotros.

Todos ellos destilados en cada herida que recibimos.







Esas heridas son todos los dolorosos lugares donde luchamos.

Batallas que han quedado atrás, que nunca buscamos.







¿Qué es lo que perdimos y qué es lo que ganamos?







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viernes, 22 de junio de 2012

Despertar, el nuevo relato del Biologo Zombie


Despertar

Para Heica:

Había quedado tumbado en la calle como cualquier vagabundo o caminante pasado de copas, con la orilla de la banqueta incrustada centímetros arriba de la región lumbar y con un gesto de que el dolor que eso pudiera estar causando lo tenía sin cuidado.
            Una agitación repentina indicó que ya se despertaba y, sin abrir los ojos, se levantó del suelo gimiendo por el esfuerzo. Trató de dominar su equilibrio una vez; falló y cayó al suelo aparatosamente. Intentó levantarse de nuevo y en esta ocasión lo logró, durante unos minutos se tambaleó peligrosamente hasta que consiguió quedarse parado donde estaba.
            Cuando recuperó la conciencia, si en el estado en que se encontraba aquello era posible, se acordó de que aún tenía los ojos cerrados y al fin levantó los párpados. No veía nada. Bueno, veía  casi todo homogéneamente blanco, como si la luz del exterior fuera filtrada a través de una lámina lechosa y opaca permitiéndole distinguir sólo las siluetas de edificios y personas que andaban rápidamente a su alrededor.
            Le dio hambre. Su muy maltratado estómago se quejaba emitiendo un estentóreo y viscoso sonido, ante eso, la única parte totalmente funcional de su cerebro le dio la orden de buscar sustento. No tuvo que avanzar mucho, la primera víctima pasó muy cerca de él confundiéndolo con un inofensivo indigente, apartándose apenas lo suficiente para no rozarlo ni con un colgante de la ropa. Estaba desprevenida ante un ataque de cualquier clase y al zombie no le costó ningún trabajo reducirla para asestar el primer mordisco. El gran problema de este nuevo miembro de la horda fue que, como en vida era un hombre alto, la estatura promedio de casi todas sus presas dejaba el cerebro al alcance de sus dientes. Era lo primero que se comía y es sabido por todos que sin un cerebro en buen estado no hay zombie.

           

3 comentarios:

  1. MMM pues ojalá que el biólogo zombie le de continuación, porque el relato deja con ganas de seguir leyendo más

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  2. Mi estimado Lord Magnus.

    Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Y salvo en algunas excepciones, estoy bastante de acuerdo. En lo que sí creo es en los crossovers, que nos permiten ampliar los universos imaginarios. Quizás también los reales... si no es que estos también son imaginarios...

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  3. Si por favor deja la sensación de seguir con más, felicitaciones son muy buenos!

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